Me encanta tener en mis manos un libro viejo de biblioteca. Leer sus páginas amarillentas, rotas por las esquinas, con algún que otro pliegue en ellas. Ver esas tapas delicadas, que se van cuarteando poco a poco, tengamos el cuidado que tengamos con ellas.
Sobre todo, me gustan los libros viejos de biblioteca porque, al igual que las personas, tienen mucha más experiencia, han pasado por muchísimas manos y por situaciones y entornos muy distintos y, por lo tanto, su enseñanza es aún mayor.
Los libros viejos no los suele querer todo el mundo. Normalmente, si en una biblioteca hay tres ejemplares del mismo libro, de ediciones diferentes, los lectores suelen escoger la última edición, que tiene una portada maravillosa y atractiva, unas páginas sanas y fuertes y una letra legible y oscura que contrasta sobre su fondo blanco.
Sin embargo, estos libros no tienen esa mancha en el márgen de la página 26, ni esa esquina doblada en la 38, ni un párrafo subrayado tímidamente a lápiz, en la 79.
Tampoco tienen la mancha torpe de café en las páginas 14,15,16 y 17. Ni una gran marca de lo que parece colonia en las últimas páginas.
No es que desprecie los libros nuevos, qué va. También me gustan, muchísimo. Pero no hay nada como los libros viejos, abandonados en un rincón de la biblioteca. Cada vez que me encuentro con uno de ellos, sea cual sea su temática, no puedo evitar ojearlo y leer alguna de sus páginas.
Ahora mismo tengo en mis manos una edición del 76 de “Gramática de la fantasía”, de Gianni Rodari. El libro parece sostenerse con pinzas, por la cantidad de manos que ya lo han usado y leído antes que yo, pero eso me motiva aún más a seguir leyéndolo. Significa que el libro es bueno y no se ha olvidado con el paso del tiempo.
Cuando fui a alquilarlo, hará un par de días, el bibliotecario me dijo:
¿Sabes que hay cuatro ejemplares más de ediciones posteriores? Lo digo porque has ido a elegir el libro más deteriorado que tenemos...
Le dije que me gustaba ese y me miró con una cara extraña, como si no hubiera entendido muy bien su pregunta.
En fín, supongo que no seré la única que ama tanto los libros viejos.



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5 comentarios:

    La sonrisa de Hiperión dijo...

    Sabes cual es mi libro preferido? una edición vijísima destartalada, mal encuadernada, y amarillenta del tiempo del Conde de Montecristo.... Y me apasiona!
    Saludos

  1. ... on 8 de febrero de 2009, 3:11  
  2. Kike Ellerker dijo...

    A mi me gustan los libros que están subrayados, me llama la atención lo que a otros les parece interesante, que poco original el bibliotecario!
    Besos!

  3. ... on 9 de febrero de 2009, 0:11  
  4. Lycans Laqueus dijo...

    Como me gusta el olor a historia de las hojas amarillas.

    Un lobo sin marcapáginas

  5. ... on 10 de febrero de 2009, 11:09  
  6. hatoros dijo...

    Los libros viejos, su olor al abrirlos, lleno de tantos olores, que olvidó su verdadero olor, a tantos que aprendieron de el,son como los hombres viejos y sabios.
    Siempre enseñando sin pedir nada a cambio,excepto un poco de cuidados

  7. ... on 16 de febrero de 2009, 14:08  
  8. Jim dijo...

    Hola,
    Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
    Mi correo: janaru@gmail.com

    Un saludo.

  9. ... on 8 de marzo de 2009, 6:03