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Es ya una gran costumbre en mí leer las notícias con retraso. ¿Será que vivo en otro tiempo? En fín, el caso es que hoy, navegando por Internet e intentando recordar la clasificación de rocas en sedimentarias e ígneas (sí, es super útil para una profesora de Magisterio de Primaria... Saber cómo enseñar a un niño a leer o a sumar y a restar, no lo es tanto, no), me he topado con esta notícia.
Lo primero que he sentido es odio hacia el párroco, hacia el Vaticano, y hacia la Iglesia en general. Pero luego me he dicho, ah, estamos en un país y en una sociedad en la que se manipula mucho la información que nos llega a los ciudadanos. Así que, mejor me informo más sobre esto, para poder dar una opinión más coherente y justa (que es una palabra que se utiliza mucho pero cuyo significado, misteriosamente, varía mucho de una persona a otra. Y de un diccionario a otro...).
Y he leído unas cuantas notícias más, de diferentes visiones políticas y de creencias, para hacerme un tremendo lío en la cabeza y paradójicamente poder pensar con más claridad. Estos son algunos de los enlaces:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/06/13/barcelona/1244884191.html
http://www.libertaddigital.com/sociedad/un-cura-se-niega-a-dar-la-comunion-a-una-nina-por-tener-sindrome-de-down-1276362095/
http://www.mdzol.com/mdz/nota/135809-Un-cura-se-neg%C3%B3-a-darle-la-comuni%C3%B3n-a-una-ni%C3%B1a-con-S%C3%ADndrome-de-Down/
http://sociedad.e-noticies.es/un-cura-le-niega-la-comunion-a-una-nina-con-sindrome-de-down-30195.html
http://www.ustealdia.org/foro/index.php/topic,28238.0.html

El que más me ha gustado es el último enlace, pues pertenece a un foro de enseñanza y como que es más real conocer una historia conformada por las opiniones y creencias de varias personas que por la opinión que tenga la redactora o el redactor (miembro o miembra) en ese momento.
Me he dado cuenta entonces que estamos tratando un tema bastante peliagudo y muy complicado de resolver. Está claro que si la notícia en sí es que el párroco se ha negado a dar la comunión a una niña con Síndrome de Down, nuestra pregunta debe ser "¿Por qué en pleno siglo XXI todavía encontramos una sociedad retrógrada en muchos aspectos? ¿A qué debemos esperar (o a quién, ya que estamos tratando de religiones) para que esta sociedad integrada empiece a brotar y a echar raíces?".

Pero si ahora empezamos a informarnos mejor y descubrimos que el párroco afirma que la niña no se da cuenta de nada por tener un síndrome de Down profundo, quizás nuestra opinión cambie un poco al respecto (¿o no? ya no estoy muy segura...).

Si en la información que he leído en el foro, se expone que en el código del derecho canónigo, entre otras muchas cosas "corresponde también al párroco vigilar para que no reciban la santísima Eucaristía los niños que AÚN no hayan llegado al uso de razón, o a los que no juzgue suficientemente dispuestos ", pues podríamos en parte darle la razón a este párroco, ¿verdad?. Pero si el cura (¿todavía no puede ser la cura?) fundamenta su opinión en esta frase del "reglamento" (al fin y al cabo son reglas, ¿no?), debería por ese mismo motivo "analizar" si, efectivamente, todos los niños que van a tomar la comunión "han llegado al uso de razón y están suficientemente dispuestos" para recibir el sacramento.

Porque lo que no se puede es cerrar los ojos y dar la espalda en los momentos en los que nos interesa hacerlo, y de repente abrirlos y estrellarnos de frente con cualquier irregularidad que se nos cruce en nuestro camino (no sé si me entenderéis, yo a veces no lo hago, es mucho más cómodo).

En fín, es un tema muy delicado y hay que andarse con ojo antes de dar cualquier opinión al respecto. Por eso yo no he ofrecido ninguna opinión clara, porque considero que sólo sé lo que me han querido contar, no toda la verdad, como hubiese querido.

Y es eso en definitiva lo que os quiero mostrar: hoy en día no podemos juzgar la mayoría de las cosas que nos llegan a través de los medios de comunicación, pues hay tanto dominio de intereses por medio que al final parecemos simples marionetas antes que personas. Es triste, pero eso sí es cierto. Como esto también os llega por otro medio de comunicación, os ofrezco el beneficio de la duda en todo lo que he expuesto anteriormente, pero sí os invito a dejar vuestra más sincera opinión al respecto (bueno... Opinión opinión,... Me entendéis, ¿no?).

Saludos,


Hola de nuevo!
Ya llevaba tiempo sin escribir por aquí, y es que he estado muy ocupada. Primero, con el práctico del coche, que YA TENGO EL PERMISO DE CONDUCIR! Segundo, con los estudios, que ahora vienen los exámenes y me está empezando a entrar la neura. Y tercero, con el trabajo... Si es que los días deberían tener 48 horas, mínimo.

Hoy voy a comentar un tema que me preocupa bastante. Es una polémica que he descubierto ahora, en la universidad. Se trata del valenciano.
Me explico. Hasta que no entré en la universidad, no le he dado más importancia a una lengua que a otra. Es decir, me ha dado lo mismo hablar en valenciano que en castellano. A pesar de que soy castellano-hablante, si alguna persona me ha hablado en valenciano, le he intentado contestar en valenciano. Además, me defiendo casi por igual en ambas lenguas, así que no he tenido ningún problema.

Pero al entrar a la universidad vas descubriendo que los profesores y, sobre todo los profesores que imparten asignaturas de lengua catalana, no le dan la misma importancia a ambas lenguas, ni mucho menos. Y hasta aprovechan para desprestigiar, marginar e ignorar el castellano. Esto último me produce vergüenza ajena.
Más que nada porque no sé quién les habrá explicado que una lengua se defiende menospreciando al resto.

O sea, que los castellano-hablantes llegamos con una ilusión enorme de sacarnos nuestros títulos de capacitació y mestre en valencià que te habiliten para ser docente en la Comunidad Valenciana, ¿y nos encontramos con esto?
¿De verdad tenemos que pasar por esto? ¿Tenemos que escuchar frases del tipo "el valenciano es mucho más práctico que el inglés"? ¿"Cuando yo tenga una hija, si la meto en la línea de valenciano, no querré que le dé clases una profesora castellano-hablante como tú"?

Ayer mismo se acrecentó esta polémica cuando, en una clase en castellano, dos alumnas quisieron hacer la exposición en valenciano porque, según explicaron ellas, "tenemos problemas a la hora de expresarnos en castellano". En principio, a mí no me importa que hablen en valenciano, para nada. Pero no estaría mal que se esforzaran un poquito en hablar en castellano, al igual que nos esforzamos los castellano-hablantes para hablar en valenciano en las clases que son en esta lengua, soportando numerosas veces las risitas de algún que otro listillo, por no pronunciar correctamente determinadas palabras.

Y, si en ese caso, ya se han esforzado y ven que no pueden hablar en castellano (que eso ya lo saben ellas con tiempo), al menos podrían entonces haber preparado la exposición en Power Point en valenciano, porque escucharlas en valenciano y leer el power en castellano me pareció un lío tremendo...

En fín, que no tengo nada en contra de que se hable el valenciano. Lo resalto para que quede claro. Pero creo que se debería tratar por igual ambas lenguas. Ya está bien de tener que pedirnos a los castellano-hablantes tanto esfuerzo para que luego veamos estas cosas en alumnos valenciano-hablantes. No lo considero justo.

Me gustaría que dejárais vuestra opinión para saber si estoy en lo cierto o no pensando de esta manera...
Saludos,



Hace poco tiempo que se estrenó el programa "La Vuelta al Mundo en Directo". Desconozco los detalles del programa, porque ya hace un tiempo que decidí hacer cosas más productivas que ver la televisión, y he preferido ver las series y algunos fragmentos de programas, desde las respectivas web de cada cadena. Así, no me trago anuncios ni pierdo tiempo.
Bueno, a lo que iba. En este concurso, en el que supongo (con esta lógica aplastante que me caracteriza) que los participantes tendrán que dar la vuelta al mundo, ha ocurrido algo bastante inesperado y curioso. Resulta que, una vez iniciado el programa, se descubre que Cyril, uno de los concursantes, tiene un pasado bastante dramático marcado por una actuación que cometió hace 14 o 15 años, cuando aún era menor de edad, y que carga aún a sus espaldas, a pesar de haber cumplido ya condena por ello.
Una vez se descubre, esto salta inmediatamente a los medios de comunicación (cómo no...), y el programa habla con ambos (Cyril y su pareja) para sopesar los pro y los contra de continuar en el concurso. Al final, deciden abandonar y el chico, en una entrevista que le hacen en el mismo programa, no quiere explicar qué es exáctamente lo que ha sucedido en su pasado, para no alimentar más a la política mediática que se cierne en torno a él, dice.
Pero el morbo que nos caracteriza puede sobre la decisión del chico, y días más tarde (o el día siguiente, lo desconozco), en otro programa de la cadena se explica todo lo que ocurrió en su momento.
Ni yo ni cualquier espectador que haya visto estos videos debería exponer su opinión con respecto al chaval. Primero, porque no conocemos al chico, y partiendo de esta base, cualquier conocimiento que tengamos sobre su pasado (sea lo fuerte que sea) no es suficiente para emitir un juicio sobre él.
De todas formas, y sabiendo lo que sabemos aquellos que no lo conocemos (y confiando bastante en este sentido en la Justicia del país) creo que, si el chico ya ha cumplido condena por lo que ha hecho, resulta una actitud bastante falsa por el resto de ciudadanos el impedir a esta persona que vuelva a reinsertarse en la sociedad. Y aquí se observa la desconfianza que tenemos todos los ciudadanos hacia la justicia del país, y también hacia los mismos ciudadanos.
Pensamos que todo el mundo tiene derecho a rehacer su vida, a reparar sus errores (en el punto en el que sean reparables), a tener una segunda oportunidad,... Pero cuando somos nosotros los que tenemos que poner de nuestra parte para conceder esta segunda oportunidad, nos mostramos reticentes.
Yo misma, reconozco sinceramente que no dejaría jamás a mi hija (cuando la tenga) en manos de un "ex-pederasta", por mucho que insistieran en que ya es "ex". Y en el caso de que la dejara, que lo dudo mucho, estaría con cuatro mil ojos vigilándole, seguro.
Y esto me da bastante que pensar. Tendemos a ser desconfiados, es cierto. Tal vez porque la mayoría de los casos no son así, si no que contínuamente nos encontramos con personas que no han pagado suficiente por el daño que han hecho, o personas que, una vez han salido de la cárcel, han continuado cometiendo los mismos delitos, no se han reinsertado. Es lo habitual, lo cotidiano.
Pienso que nunca llegaremos a una sociedad completamente justa, que eso es una utopía enorme, y que, como dicen, nunca llueve a gusto de todos. Pero también es verdad que ciertas autoridades (que de autoridades tienen lo que yo de escritora) están cumpliendo una función importantísima en nuestra sociedad, y no parecen ser conscientes de ello, cometiendo así errores gravísimos que constituyen alguno de los factores que nos incita a nosotros, los ciudadanos de a pie, a caer en estas desconfianzas.
Este chico tenía 14 años cuando cometió tal barbarie. No pretendo justificarlo, ya lo he comentado anteriormente, pero tampoco creo que lo mejor sea cerrarse en banda y decir "¡Pero es que cometió un asesinato, ese no puede estar en un programa de televisión!", porque ni conozco toda la verdad para juzgar, ni yo soy quién para quitar la libertad a una persona, se la merezca o no. Y debemos ser conscientes de esto.
Os dejo ahora con el enlace a estos vídeos que he visto, y que me gustaría que echárais un vistazo:
http://www.antena3.com/PortalA3com/La-Vuelta-al-Mundo-en-Directo/Primer-abandono/P_4534005_4643818

Por supuesto, espero vuestra opinión al respecto, pero sin insultar ni ofender a nadie.



Aprovechando mi nuevo horario y las largas horas que me esperan sentada en una de las sillas silenciosas de la biblioteca de la facultad a la espera del autobús que me lleve a casa, he empezado a familiarizarme con todos los pasillos y libros que hay colocados en las estanterías de la misma.
Hoy, buscando algún libro curioso para los niños, me he encontrado con dos ejemplares de una colección de libros (que completa tiene que ser una pasada) dirigida a niños, sobre los derechos de los mismos, la violencia, el maltrato, los abusos sexuales, el acoso escolar, la intolerancia y el racismo, y la injusticia e ilegalidad.
Creo que son libros muy interesantes para los niños en estas épocas que vivimos, y pueden ayudar bastante a conseguir esa igualdad y respeto que queremos, ya que la mayoría de los niños desconocen sus derechos, y es por eso que creen que sólo ellos tienen derechos y confunden aquello que no quieren con una injusticia.
Al abrir el libro, la carta de Pedro Núñez Morgades, el Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, me ha maravillado tanto que inmediatamente los he cogido para leerlos con calma aquí en casa.
Los libros están escritos por Stéphanie Duval y Jacques Azam, publicados por la Editorial San Pablo, por si a alguien le interesa.
Os dejo con la carta y con algunos dibujos graciosos que he encontrado en ellos (para ver mejor los dibujos, os aconsejo que hagáis click sobre ellos):
Queridos amigos y amigas: A lo largo de vuestra vida, puede que hayáis oído hablar de algunas cosas que, aunque a veces no entendáis del todo o no sepáis valorar bien, os pueden asustar. Estos libritos que ahora tenéis entre las manos pretenden advertiros sobre algunas de esas situaciones y, especialmente, enseñaros a respetar a los demás, a hacer que los demás también respeten vuestros derechos y a decir NO ante algunas circunstancias, porque debéis tener claro que nadie puede obligaros a hacer determinadas cosas si vosotros no queréis. Ser niño no significa estar desprotegido o a merced de lo que los mayores quieran hacer con vosotros. Muy al contrario. Las personas adultas deben serviros como guía y apoyo, especialmente vuestros padres y también vuestros profesores, pero, aunque tenéis que respetarlos, debéis saber que ni ellos ni nadie pueden disponer de vuestra vida ni de vuestra voluntad siempre que quieran. Estos libros, que están escritos e ilustrados para que vosotros los comprendáis perfectamente, os hablan sobre la necesidad de respetar a los demás (y a vosotros) en todos los aspectos de la vida. Los malos tratos, físicos o psicológicos, y los abusos sexuales son formas de humillar a la persona, de vulnerar su derecho más básico: el de no ser agredido. Si algo de esto os está sucediendo, no os calléis. Contádselo a vuestros padres, a vuestros profesores, a cualquier otro familiar. Hablad con personas en las que podáis confiar y decidles lo que os sucede. Os ayudarán. El silencio no hace más que aumentar vuestros sufrimiento y no soluciona nada. Y si sabéis que alguno de vuestros amigos o compañeros padece malos tratos o abusos le ayudaréis si se lo contáis a vuestros padres o profesores para que, como mayores que son, puedan hacer algo por ellos. Pero hay otras formas de no respetar a los demás. Por ejemplo, considerar que alguien es infrerior o que no debe tener nuestros mismos derechos sólo por ser de otro país, de otra cultura, de otra religión o por tener el color de su piel distinto al nuestro. Hay que intentar siempre estar cerca de esas personas que, aunque nos parezcan diferentes, no lo son. Intentad defenderlos si otros los atacan, poneos en su lugar y pensad que para ellos nosotros también somos distintos y no por eso tenemos que merecer su desprecio. Imaginar cómo nos sentiríamos nosotros si nos ocurrieran algunas de esas cosas nos ayudará a que podamos ser un poquito mejores cada día. Por eso, será bueno que leáis con mucha atención estos libros, que penséis sobre los consejos que en ellos se os dan, que los comentéis con vuestros padres... Seguro que os resultarán muy útiles y aprenderéis algo más sobre lo que es el respeto a los demás, la tolerancia y la convivencia. En definitiva, os ayudarán a ser mejores personas.
Pedro Núñez Morgades
Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid


Hoy quería hablar sobre lo que está sucediendo en la franja de Gaza, y buscando información y noticias al respecto me he encontrado con un video que ha grabado Pedro P., protagonista de uno de los muchos videoblogguers (no sé muy bien si se escribe así o no) que podéis encontrar en Internet y que me ha llamado bastante la atención, pues comenta muchísimas cosas en las que estoy de acuerdo con él y, sobre todo, afirma algunas verdades rotundas.
Espero que al ver el vídeo me mostréis vuestra opinión sobre el tema.
NOTA: Antes de ver el vídeo, apaga la música. Está en la sidebar, un poquito más abajo.




Ayer fui a ver la película “Di que sí”.
Como todas las películas protagonizadas por Jim Carrey (no sé si se escribe así, pero seguro que me habéis entendido), te partes de risa con cualquiera de las caras que pone el actor. Pero esta película me dejó otro sabor distinto a las que he visto protagonizadas por este actor.
En la película, Carrey (suena más cariñoso así) hace el papel de un banquero cuya vida, tras romper con su esposa, se convierte en una monotonía. El personaje se acostumbra a poner excusas ante las invitaciones para ir a dar una vuelta de sus amigos y suele incurrir en decir que no a toda pregunta que cualquiera le proponga. Se encierra en sí mismo y no se relaciona con nadie, ni siquiera en el trabajo.
Un día, un amigo le convence para asistir a una especie de organización (parece una secta como te lo plantean en la peli. Se pasan un poco, la verdad..xD) que pretende responder a todo que sí, con el pensamiento de que, de esta manera, serán más felices y podrán vivir más tranquilos.
Y así es como hace un pacto y promete contestar a todo que sí, sea cual sea la respuesta.
El resto ya no os lo cuento, que sino no iréis a ver la película...

El caso es que esta película me ha hecho reflexionar sobre la monotonía de todas nuestras vidas. Nunca tenemos tiempo de hacer lo que realmente nos gusta, o casi nunca. Y el tiempo del que disponemos es siempre mucho más corto de lo que querríamos. ¿Y por qué?
Pues volvemos a lo mismo de siempre: trabajo, deseo, consumismo, prisa, estrés, ...
Hacemos todo corriendo, rápidamente para que el día nos llegue para realizar todo lo que queremos. No disfrutamos de ningún minuto de nuestras vidas porque siempre estamos ocupados pensando que no nos dará tiempo realizar tal cosa, o que tenemos que hacer tal otra...
Llevamos una vida monótona y ajetreada. Quizás no hacemos todos los días lo mismo, pero la rapidez con la que realizamos todo nos da la sensación de que todos los días son iguales.
Ya no hay tiempo para disfrutar la naturaleza, para respirar aire puro (porque casi ni queda ya) ni para jugar con los niños, sean los hijos, hermanos, primos, sobrinos, amigos,...
No importa, los niños tampoco tienen tiempo de pararse a jugar con los adultos. Siempre tienen deberes para realizar (no creo que sea normal que un niño de 11 años llegue cada tarde con una media de dieciocho ejercicios para hacer en casa, sinceramente), o actividades extraescolares (que a la vez hacen de canguro para los padres), o demás elementos tecnológicos (televisión, ordenador, nintendo DS, wii, game boy,...). Pocos niños hay ya en la calle jugando con sus amigos, muy pocos.
Todo esto nos lleva a generarnos una burbuja propia de la que rara vez salimos. Necesitamos de Internet para conversar con alguna persona de la otra parte del mundo, pero hace días, incluso meses, que no hablamos con nuestro vecino. Conversamos durante horas y horas con un amigo todos los días por messenger, cuando vive a dos manzanas de tu casa, y podrías hablar más y mejor con él en un café.
No estoy en contra de la tecnología y los avances, para nada. Adoro mi ordenador, y estoy muy agradecida a Internet por ofrecerme la oportunidad de intercambiar intereses con personas de cualquier parte del mundo, y facilitarme la tarea de crear nuevos proyectos. Pero opino que deberían utilizarse con mesura. No todo es blanco o negro, hay medias tintas. Podemos hacer todo lo que se hacía antes, y aprovechar todo lo que tenemos ahora. Pero no queda bien que una cultura se quede sólo con sus inventos más actuales y olvide años y siglos pasados de costumbres y tradiciones. Es una pena que avancemos en la tecnología y la ciencia, y al mismo tiempo retrocedamos en nuestra convivencia como seres humanos, y lo hagamos cada vez más como robots programados.

Podría seguir hablando del tema durante muchas más lineas, pero creo que por hoy ya basta. Además, ya he exprimido demasiado la película. xD

Una frase de la peli que me gustó mucho:
“La vida es un patio de recreo. Todos lo sabemos, pero en algún momento de nuestras vidas, lo olvidamos”

Yo os pido que no lo olvidéis nunca. Y aprovechando, os recomiendo ver también otra película del estilo de esta, un poco más mística: Comento: Come, Reza, Ama. Saludos,


En efecto. ¿Cómo os quedáis al leer tal titular? Yo alucinaba.
Tras haber publicado, hace ya algunos días, una entrada dedicada a la "fantástica" definición que el diccionario de la RAE ofrece del adjetivo femenino, pensaba que ya no vería nada parecido.
En aquella entrada, recuerdo que me dejásteis comentarios haciendo constancia que, aunque aún quedaban ciertos aspectos que dejaban visible la desigualdad que a día de hoy existe entre hombres y mujeres, la sociedad había avanzado enormemente en esta lucha por la igualdad de género, y nosotras, las mujeres, podíamos sentirnos orgullosas de vivir en la época en que vivimos.
Sí, es cierto. Las cosas han cambiado bastante. Pero titulares como estos nos demuestran que pueden empeorar en cualquier momento. ¿Pero qué le pasa a este gobierno? ¿A santo de qué tenemos que pagar la pensión de viudedad a mujeres de matrimonio polígamo? Si en nuestra constitución aparece claramente reflejado el matrimonio monógamo como el único permitido en nuestro país, ¿por qué tenemos que aceptar matrimonios polígamos que vienen de otra cultura, y lo que es peor, gastar dinero del estado en financiar y favorecer la llegada de muchos más?
No lo entiendo. Por más vueltas que le doy, no consigo entenderlo.
Según el artículo al que ahora os voy a enlazar, se trata de un convenio que España ha firmado con Marruecos para repartir la pensión de viudedad entre las mujeres del hombre fallecido. Y, como me dijo una compañera cuando se lo comenté el otro día, "Pero bueno, si cogen la misma pensión de viudedad, y la reparten entre todas las mujeres del fallecido, tampoco pasa nada. Es como si el fallecido tuviera una sola mujer".
¡Mujer, claro! Sólo faltaría que cada una de las mujeres recibiera una pensión de viudedad igual a la pensión que puede recibir una mujer de un matrimonio monógamo. Ya sólo faltaría eso, por favor...
En fín, yo soy muy partidaria de la diversidad cultural, de la convivencia entre culturas, pero mientras esto no afecte a nuestra cultura, mientras esta diversidad no destruya cosas tan buenas como la igualdad de género que tanto nos ha costado conseguir. Si tenemos que coger aspectos de otras culturas, que sean positivos, por favor.
¿Por qué no se fija el estado en el buen funcionamiento de la educación en Finlandia, y toma ciertos aspectos para aplicarlos en el propio país? Creedme, esto sería mucho más positivo que admitir en España a los matrimonios polígamos. Porque eso, en definitiva, es lo que están haciendo.
Que no nos engañen. La diversidad cultural es buena si sirve para progresar hacia una igualdad de género, racial, y de cualquier tipo. Si no, es preferible que cada cultura se quede en su país. Y lo digo así, claramente.
Os dejo aquí el enlace a tal artículo:

http://blogs.periodistadigital.com/politica.php/2008/10/21/gobierno-admite-pensiones-viudas-poligam

Y me gustaría conocer vuestras opiniones. Saludos,



Esta semana hemos tratado en una de las asignaturas de mi carrera, un tema que me ha resultado muy interesante, más que nada por la complejidad a la hora de comprenderlo, y por la misma complejidad a la hora de tratarlo.

Se trata de un síndrome descubierto hace relativamente poco (incluído en el año 1994, en el DSM-IV) que afecta a bastante cantidad de población, de edades muy diversas, y en una mayoría de varones sobre mujeres.

Se trata, como he dicho, de una discapacidad, transtorno, síndrome,... Y no de una enfermedad, puesto que se desconoce la causa.
Esta discapacidad recibe el nombre de Síndrome de Asperger, en honor a un pediatra y psiquiatra nacido en Austria.

Las personas que padecen este síndrome padecen lo que podemos denominar “ceguera emocional”. Es decir, son incapaces de descifrar y comprender todos aquellos aspectos no verbales de una conversación, o frases metafóricas. Dicho de otro modo, no saben comprender ni mostrar emociones o ironía en otras personas.
Por tanto, si les dices “Tengo un hambre que me muero”, estos entienden, literalmente, que te estás muriendo de hambre, cuando, seguramente, símplemente sientes la necesidad de comer, pero no llevas meses sin hacerlo como para morirte.

Otro ejemplo: Si hablas con ellos, y de repente te pones a llorar, no se darán cuenta. No entienden que las lágrimas que brotan de tus ojos se relacionan con el estado emocional en el que te encuentras. Por otra parte, la mayoría de estas personas no te miran a los ojos cuando hablan contigo, o cuando les hablas, puesto que, como para ellos lo único importante y lo único que perciben son las palabras que les diriges, y no tienen que analizar tus expresiones faciales o tus gestos, no sienten la necesidad de mirarte a la cara.

Además, y lo que más me llama la atención, es que estos niños tienen, normalmente, una capacidad de memoria increíble y suelen ser muy inteligentes. Su cerebro tiende a centrarse en un área determinada, y la desarrollan hasta su nivel máximo de conocimiento. Nos encontramos, de esta manera, a niños con seis años, por ejemplo, que saben todas las capitales de todos los países del mundo, o que conocen todas las marcas de coches que existen en el mercado, … Esto ocurre tanto en niños como en adultos. En los vídeos que voy a exponer se puede apreciar claramente.

Es decir, estas personas son inteligentes hasta extremos inimaginables, pero no saben relacionarse socialmente. Es un síndrome muy parecido al autismo, pero más leve que este.
En estudios realizados, se cree que quizás personas tan importantes en nuestra historia, como Albert Einstein, Newton, o Mozart, por ejemplo, padecieron este síndrome o transtorno.
Por último, y algo que también me llamó mucho la atención, son personas etiquetadas con el nombre de “raros” por quien no conoce este síndrome, pues cambian de tema contínuamente. Si, por ejemplo, les dices la frase que he expuesto yo antes - “Tengo un hambre que me muero”-, su cerebro se centra tanto en el análisis de esas palabras que termina “bloqueándose”, y tiene que cambiar de tema completamente. Como consecuencia, pueden responderte “Ayer estuve viendo la televisión hasta tarde”. Un comportamiento que, si el maestro o los compañeros desconocen, es calificado al instante como “raro, pasota, no atento,...”.

Pues bien, este es un resumen del síndrome. Espero que os haya gustado, y os haya llamado tanto la atención como me llamó a mi cuando descubrí su existencia. A continuación, os pongo un par de vídeos muy interesantes para que entendáis un poco más el transtorno.

Saludos!








Decimos, hoy en día, y además lo afirmamos a pies juntillas, con una sonrisa en el rostro, que la mujer y el hombre ya están igualados en derechos, que la mujer ha pasado de estar relegada a un segundo plano, a engrosar largas listas de trabajos que, hasta entonces, sólo se consideraban de hombres.


Es cierto, la mujer ha ganado mucho durante estos años, ha demostrado tener la capacidad y la fuerza necesarias como para merecerse un puesto de trabajo y una autonomía que antes no tenía.


Pero, aunque duela reconocerlo, aún no lo hemos conseguido del todo. Parece ser que aún, en pleno siglo XXI, no hemos demostrado con creces nuestro valor y nuestra fuerza (no digo física, si no intelectual) en nuestra lucha por conseguir ser seres humanos. No pedimos nada más, simplemente dejar de jugar el rol que, parece ser que desde que nacemos viene con nosotros tatuado en el cuerpo, dejar de hacer lo que la sociedad espera que hagamos.


No tenemos por qué encargarnos únicamente de la educación de nuestros hijos y de llevar la casa. La educación de nuestros hijos, y el mantenimiento de nuestro hogar es una tarea de toda la familia, y no sólo de la mamá.


Y digo que aún no hemos conseguido esta igualdad absoluta porque todavía quedan matices, restos, de esa discriminación abusiva que antes sufríamos. Uno de estos restos lo encontré hace algunos meses en el diccionario de la Real Academia Española. Un fallo enorme para una sociedad que se declara “en igualdad de derechos”.


Esta es la definición que nuestro diccionario hace de “femenino”. Fijaos en una de las acepciones:


1. adj. Propio de mujeres.

2. adj. Perteneciente o relativo a ellas.

3. adj. Que posee los rasgos propios de la feminidad.

4. adj. Dicho de un ser: Dotado de órganos para ser fecundado.

5. adj. Perteneciente o relativo a este ser.

6. adj. Débil, endeble.

7. adj. Gram. Perteneciente al género femenino. Nombre femenino. Terminación femenina. U. t. c. s.


Sí, hemos ganado mucho... Pero aún nos quedan otras muchas batallas por ganar. Quizás dentro de otro siglo más, se pueda afirmar, por fín, que LAS MUJERES TIENEN LOS MISMOS DERECHOS QUE LOS HOMBRES.




Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.

Creo que una de las razones por las que decidí estudiar magisterio fue esta. Desde pequeña demostré ser diferente a los demás. Reparé en que los adultos siempre estaban disgustados por algo, tenían muchas más responsabilidades que yo, nunca se conformaban con nada,...

Y aún recuerdo aquel día, en mi sexto cumpleaños, aquel deseo que intento cumplir día a día:
"No quiero crecer. Quiero seguir así el resto de mis días".
El deseo es tan cierto como que me llamo Sara, en serio. Aunque parezca mentira, con seis añitos yo ya sabía perfectamente qué quería ser en la vida, pero sobre todo, tenía muy claro qué no quería ser. Y no quería ser adulta.

Y sigo sin quererlo... A partir de entonces, mi lógica inocente e infantil se inventó una estrategia para enfrentarse al paso de los años y a sus consecuencias. Y en mi lógica aplastante, pensé que si no soplaba las velas de la tarta, si no decía a nadie qué día cumplía años, si no representaba de ninguna manera mi cumpleaños, seguiría teniendo la misma edad que antes, y lo más importante aún: seguiría siendo una niña.

Pero poco a poco, la cruda realidad te va haciendo despertar de esos sueños infantiles e inocentes, y quieras o no tienes que madurar, tienes que asumir responsabilidades, cumplir con compromisos que nunca has querido tener con nadie, pero que aún así tienes que tragar...

Y eso es hacerse mayor, nada más y nada menos. A cambio de todas tus nuevas responsabilidades, obligaciones y compromisos, tienes un poco más de libertad que cuando eras pequeño/a, pero salvo eso, "Hacerse mayor es una mierda", como decía ayer mi primo pequeño, de cinco años, que parece que va por el mismo camino que yo... xD

Ante esta cruda realidad, lo único que podemos hacer es no olvidar nunca nuestros años de juegos, de inocencia, de felicidad espontánea,... Hemos de saber apreciar que cualquier cosa de nuestro mundo, cualquier cosa, es una maravilla.

Un saludo, niños!


Nunca acostumbro a publicar dos posts en un mismo día, pero el vídeo que acabo de ver se merece estar aquí. Este hombre sí que es un ángel.

No voy a comentar nada más sobre él, porque creo que estas imágenes valen más que cualquier palabra que os pueda regalar... Simplemente dadle al play.
Un saludo,
Sara.



“La soledad es nuestro mejor regalo”

Posiblemente estas palabras las haya escrito una persona independiente y solitaria a la que no le guste la compañía, pero lo cierto es que yo difiero mucho de ese perfil y también estoy de acuerdo con dicha frase.

La soledad es nuestro mejor regalo porque en ella sólo nos vemos a nosotros mismos, y a nadie más. Porque cuando estamos solos no necesitamos fingir, dar una opinión falsa de algo, o intentar parecer que estamos bien cuando en realidad lo único que queremos es entrar en un sueño tan profundo como el de la bella durmiente.

Cuando estamos solos, somos egoístas, pero egoístas de verdad. Nada de lo que pase a nuestro alrededor nos importa.

Además, se dice del solitario que es más fuerte, menos vulnerable, que le aterra menos la gente. Y es cierto. Aquel que vive más de cerca la soledad (y digo esto porque absolutamente todos la vivimos, aunque unos en mayor medida que otros) no necesita las palabras de apoyo de los que le rodean, y tampoco se acobarda ante las críticas o amenazas que algunas otras personas le puedan propinar.

Pero entonces, ¿qué es bueno? ¿Estar solo, o acompañado?

También hay otra frase para explicar (en parte) esto : “Más vale estar solo que mal acompañado”.

Pero, ¿Cuándo estás mal acompañado? Me puse a pensarlo detenidamente, y caí en la cuenta de que, queramos o no, estamos mal acompañados siempre.

Estar acompañado supone aceptar lo que el otro opina, aunque no seas partícipe de su opinión. Supone hacer parte de lo que otra persona desee, aunque tú nunca lo hayas llegado a desear. Supone compartir, algo que a los seres humanos se nos da tan mal…

Estar acompañado supone muchas cosas que no nos son fáciles de conseguir, y que nos cuesta mucho llevar a cabo. Pero, a pesar de todo ello, a pesar de saber a lo que nos enfrentamos, de ser conscientes de lo que tenemos que dar a cambio, seguimos buscando la compañía.

Quizás porque nos sentimos demasiado pequeños ante el mundo. O quizás porque pensamos que nuestra vida no vale nada si no realizamos esos pequeños sacrificios, pero lo cierto es que, aunque nos cueste y nos agobie estar acompañados, terminamos buscando la compañía allá donde vamos.

Qué paradoja, ¿no?



Todos los seres humanos del planeta tenemos sueños, objetivos, fines en nuestra vida.

Alguna vez en la vida sentimos que hemos nacido para lograr tal cosa, y luchamos para conseguirla. Pero resulta que, en el intento, algunos de nosotros se desaniman y caen en el gran agujero de la desesperación, del desasosiego, de la intranquilidad.

Otros, sin embargo, con un carácter más tenaz e insistente, niegan rendirse a la primera de cambio, y lo intentan una vez, y otra, y otra, y otra…

Tal vez estas personas insistentes pasen toda la vida llevando a cabo esa tarea repetitiva: intentarlo una vez y otra; o tal vez consigan por fin su tan anhelado sueño.

Debe ser un sueño muy anhelado, porque si después de tanto tiempo luchando por conseguirlo, luego no te llena, no te hace feliz, mal vamos…

Y a propósito de ello, ahí es donde yo quería llegar. Muy bien, consigues tu sueño y todo es muy bonito. Estas feliz. Pero, ¿qué es estar feliz?

Y ahora no me vengan con el cuento, señores lectores, de que yo he tenido una vida muy triste y austera, y por eso no conozco la felicidad. Sí, la conozco (o creo que la conozco). He creído sentirla algunas veces en mi vida, pero cuando la alcanzo y por fín disfruto de ella… Pum, se esfuma en un momento. Y se esfuma de las siguientes maneras:

Si no consigo alguna otra cosa que me propongo, si no coincido con la opinión de alguien y termino discutiendo con esa persona, si mi novio pasa por una mala racha y la paga conmigo, si mi hermana está insoportable y me contesta mal, si, si, si…

Resulta que la felicidad, o lo que creemos que es la felicidad, es muy escurridiza. Toda una vida para alcanzarla, y al poco tiempo de tenerla, parece que ya no nos conformamos con ella. Entonces queremos conseguir otro objetivo. Y te dices a ti mismo, “¿Pero no era este mi sueño? ¿Por qué no puedo estar feliz ya, así sin más?”.

Y es que no nos conformamos nunca con nada. Lo peor es que esto cada vez va a más. Con el consumismo con el que hoy en día convivimos todos y cada uno de los días de nuestra vida, cada vez nos conformamos menos con cualquier cosa.

¿Es que nunca alcanzaremos la felicidad permanente o, al menos, duradera en su intermitencia?

Hace poco leí un artículo en una revista con el siguiente tema: “Cómo ser feliz en vacaciones”, y me dije “Ya está, me puedo morir tranquila. No veré nada así en mucho tiempo”. ¿Cómo es posible que haya gente que tenga que leer manuales de cómo ser feliz? Pero más interesante aún es que los lean aún cuando están de vacaciones. En el período en el que son libres (bueno, la libertad también es algo tan subjetivo como la felicidad).

Y pensar sobre esto me lleva a una conclusión un tanto peliaguda, y es que los seres humanos somos tontos. Sí, somos tontos y sobre todo sordos. Sordos con nosotros mismos. ¿Pensamos que, siendo tan diferentes como somos, vamos a poder seguir las mismas instrucciones para ser felices? Si fuera así, el manual de la felicidad ya habría aparecido tiempo antes. Posiblemente vendría como un anexo a la Biblia, o sería uanasignatura a impartir en los institutos… ¿Se imaginan?

- “ A ver, Pepito, dígame el capítulo 6 de cómo ser feliz en navidades, con una família felizmente aburrida. Rápido.

Los niños cogerían tal tirria a la asignatura que querrían ser unos amargados antes que ser felices. Además, si todos fueramos felices, ¿Qué aburrido sería el mundo, no? Y las personas tontas de remate que todos conocemos, ¿se imaginan verlas felizmente tontas?

Buf… No quiero ni pensarlo.

Ahora que también habría muchos aspectos buenos en “nuestro mundo feliz”:

- Las notícias tristes se relatarían con una sonrisa en la boca, y si se diera el caso de que alguien muriera, siempre habría tiempo para decir: “Bueno, se ha muerto feliz”.

- Los niños irían encantados al colegio, porque sus profesores explicarían felizmente matemáticas, lengua, ciencias sociales, y no con esa cara de amargados que tenían antes.

- En el congreso de los Diputados se contarían chistes.

- En la iglesia, el cura, en lugar de decir su "sermón habitual", protagonizaría monólogos y haría reír a sus fieles.

En definitiva, creo que todos debemos buscar la felicidad. Pero debemos buscar NUESTRA felicidad. El término es muy general, y lamento comunicarles que la felicidad, así en general, nunca llegarán a conseguirla.

Y si alguna vez sucede, me convertiré en una cucaracha para el resto de mis días.



Alguien dijo alguna vez que el arma más poderosa del planeta son las palabras, ya que pueden firmar la paz, o instaurar una guerra.

Ahora mismo no recuerdo exáctamente el nombre del autor de esta gran verdad, pero lo cierto es que en nuestro afán por superarnos día a día, por crear una sociedad más poderosa y fuerte, aún parece que no nos hemos dado cuenta del poderío de las palabras.

Lamentablemente, cada vez se usan menos las palabras. Tanto de forma escrita como hablada. No hay apenas comunicación, y menos entre los jóvenes.

Los niños de hoy en día llegan a sus casas con ganas de encender la televisión, de jugar a la play, la wii, la nintendo DS, la game boy, …. Pero pocos niños se sientan un rato junto a sus padres, para comentar qué tal les ha ido el día a ambos.

Es triste, pero es así. Yo no soy tampoco mucho más mayor, pero recuerdo, de pequeñita, que cuando salía del cole, mi madre iba a recogerme, y en el trayecto hasta casa le contaba todo lo que había hecho en el día. Además, cuando llegabamos a casa, merendábamos juntas y terminábamos de contarnos nuestro día.

Y esa es otra. Si veía la televisión, nunca jamás estaba sola. Ahí al lado estaban mis padres para examinar con detenimiento si lo que estaba viendo era acorde a mi edad.

Ahora nada es igual. La mayoría de los niños vuelven solos a casa del colegio, tanto si su casa está al lado, como si tiene que cruzar veinte semáforos, da igual.

Y la culpa no es completamente de los padres, puesto que estos están todo el día trabajando, para ganar un sueldo suficiente como para pagar la hipoteca, los gastos de la casa, la comida, la ropa, los estudios del niño,…

Vivimos en una sociedad de contínuo gasto. Una sociedad consumista que no se conforma con vivir bien, no. Tenemos que vivir siempre mejor.

Y es que no nos conformamos con nada, esa es la realidad. Todo nos parece poco, y siempre vamos a buscar más y más.

Quizás estamos queriendo crecer a pasos agigantados, y en nuestro afán por ser más y más grandes, nos estamos dejando muchas cosas en el camino. Una de ellas, la comunicación.