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De pequeñita (ahora soy menos pequeñita) me han enseñado que a las personas mayores, sobre todo a los desconocidos, pero en definitiva a todos, hay que hablarles de tu. Por respeto, educación e incluso admiración.

Esto se ha perdido por completo. Ahora los chavales tratan por igual a una anciana de 60 años que a un colega suyo. No saben distinguir, no entienden que en determinados contextos verbales, el registro que utilicemos ha de cambiar.

Yo no puedo llegar a casa y decirle a mi padre (cuidado, que esto lo he oído, ¿eh?):

—Que paxa tiooo... Oye abuelo, dame pasta, joer, que estoy sin un puto duro.

Duele. Duele oírlo. Pero lo que más duele de todo es ver la cara del padre, resignado, dándole el dinero. ¿Pero qué nos pasa? ¿Resulta que ahora van a tener que decir los jóvenes a los mayores lo que estos últimos han de hacer?

En una comparecencia que hace poco dio en el Senado Enrique Múgica, el Defensor del Pueblo, defendió, entre otras cosas, el uso del usted como primera medida para conseguir esa disciplina y autoridad que actualmente no se conoce, pero ni en las aulas ni en ninguna parte.

Vale, estoy de acuerdo. Ahora, señor Múgica, póngase delante de un niño de 11 años y dígale que le tiene que hablar de usted, porque de otra manera le estaría faltando el respeto. La respuesta será parecida a esto:

—Sí, venga. ¿Qué te crees, Dios o algo así o qué?

Es deprimente escuchar las respuestas que estos niños pueden dar. Ante todas estas faltas de respeto diarias que el profesorado tiene que soportar, es muy difícil, casi imposible, no perder los papeles en ningún momento. Y si los pierdes y se te escapa algún grito, alguna entonación tirando a la amenaza, ya la has fastidiado (ya la has cagao, tio, como dirían estos insolentes), porque acto seguido aparece en el aula el padre o madre de turno diciendo aquello de: "Como te pases con mi hijo te denuncio".

Así que estoy de acuerdo con que a los profesores se les hable de usted con la intención de crear una barrera en la que se pueda distinguir en todo momento quién es el docente y quién el alumno, porque hasta ahora hay momentos en los que no parece distinguirse demasiado.

Pero cuidado. Este cambio no es definitivo para transformar a toda la sociedad. No sólo hemos de educar al alumnado. Los padres también necesitan una buena dosis de educación (bueno, la mayoría, que también hay padres buenos, no vayamos a ponernos en lo peor). Y para que ambos muestren una buena educación, el profesorado debe recuperar unos derechos que les han sido arrebatados porque parece ser que no eran competentes con una enseñanza democrática. Que digo yo, ¿no hay un término medio entre enseñar a base de palos y que los alumnos te digan "colega"? Si entre el blanco y el negro hay más colores, digo yo que en este caso también habrá más opciones.

En resumen, y en mi opinión, el hablar de usted al profesor no soluciona nada si los docentes siguen tan indefensos legalmente como hasta ahora. Tampoco soluciona nada si, al llegar a casa, el niño sigue diciéndole a su padre "oye, tio...". Y tampoco sirve de nada si los docentes van a tener que dedicar la mitad de la semana en enseñar valores a los alumnos (sí, esos valores que deberían enseñarse en casa, pero que la falta de tiempo los ha suplido por Nintendo DS, Play Station,...) y no va a quedar tiempo para enseñar contenidos.

A los padres: Señores, ustedes decidieron tener a sus hijos. Y esos niños no nacen educaditos. Los primeros maestros que van a encontrar en su vida deben ser ustedes. Los docentes ya nos encargaremos de llenarles de contenidos y conocimientos. Esa es su función, nada más. ¿Tan complicado es?

Al final acabaremos con escuelas internas donde los niños tan sólo verán a sus padres en Navidad y algún que otro festivo. ¡Qué triste!

Les dejo aquí algunas caricaturas que reflejan al cien por cien esta realidad. A ver si despertamos todos un poquito y nos da por mejorar el futuro del país.









Bueno, continuamos con otra canción, la de la calle – lle 24 – tro:


En la calle – lle 24 – tro

ha habido – do – do un asesinato – to

una vieja – ja mató un gato – to

con la punta – ta del zapato – to.

Pobre vieja – ja

pobre gato – to

pobre punta – ta

del zapato – to.


Para empezar, me da la sensación de que la letra de la canción se la ha inventado un tartamudo. No sé por qué, es un presentimiento... Pero bueno, de eso no hay mucho que comentar. La canción consiste en repetir instintivamente la última sílaba de la mayoría de las palabras. Vale, bien, si hay que repetirlas se repiten. No voy a ser yo quien haga ahora un cambio de letra de la canción...

Yo más bien me centro en la historia. Vamos a ver, aquí hay una víctima. El pobre gato ha sido asesinado, por una vieja que debe tener unos zapatos de acero, porque con la punta de uno de ellos ha acabado con la vida del infeliz animal.

¿Y resulta que en la historia hemos de tener compasión por la vieja y por la punta de su puñetero zapato? Oigan, que aquí la única víctima ha sido el pobre gato. A la vieja y a su zapato les podrían dar POR AQUÍ (véis, en este contexto yo soy una maleducada, en la historia de Don Federico no...). Y luego me vienen con “no le abandones” los de la protectora de animales. ¿A la vieja y a su zapato también les protegen? No entiendo nada...





Hola de nuevo!
Ya llevaba tiempo sin escribir por aquí, y es que he estado muy ocupada. Primero, con el práctico del coche, que YA TENGO EL PERMISO DE CONDUCIR! Segundo, con los estudios, que ahora vienen los exámenes y me está empezando a entrar la neura. Y tercero, con el trabajo... Si es que los días deberían tener 48 horas, mínimo.

Hoy voy a comentar un tema que me preocupa bastante. Es una polémica que he descubierto ahora, en la universidad. Se trata del valenciano.
Me explico. Hasta que no entré en la universidad, no le he dado más importancia a una lengua que a otra. Es decir, me ha dado lo mismo hablar en valenciano que en castellano. A pesar de que soy castellano-hablante, si alguna persona me ha hablado en valenciano, le he intentado contestar en valenciano. Además, me defiendo casi por igual en ambas lenguas, así que no he tenido ningún problema.

Pero al entrar a la universidad vas descubriendo que los profesores y, sobre todo los profesores que imparten asignaturas de lengua catalana, no le dan la misma importancia a ambas lenguas, ni mucho menos. Y hasta aprovechan para desprestigiar, marginar e ignorar el castellano. Esto último me produce vergüenza ajena.
Más que nada porque no sé quién les habrá explicado que una lengua se defiende menospreciando al resto.

O sea, que los castellano-hablantes llegamos con una ilusión enorme de sacarnos nuestros títulos de capacitació y mestre en valencià que te habiliten para ser docente en la Comunidad Valenciana, ¿y nos encontramos con esto?
¿De verdad tenemos que pasar por esto? ¿Tenemos que escuchar frases del tipo "el valenciano es mucho más práctico que el inglés"? ¿"Cuando yo tenga una hija, si la meto en la línea de valenciano, no querré que le dé clases una profesora castellano-hablante como tú"?

Ayer mismo se acrecentó esta polémica cuando, en una clase en castellano, dos alumnas quisieron hacer la exposición en valenciano porque, según explicaron ellas, "tenemos problemas a la hora de expresarnos en castellano". En principio, a mí no me importa que hablen en valenciano, para nada. Pero no estaría mal que se esforzaran un poquito en hablar en castellano, al igual que nos esforzamos los castellano-hablantes para hablar en valenciano en las clases que son en esta lengua, soportando numerosas veces las risitas de algún que otro listillo, por no pronunciar correctamente determinadas palabras.

Y, si en ese caso, ya se han esforzado y ven que no pueden hablar en castellano (que eso ya lo saben ellas con tiempo), al menos podrían entonces haber preparado la exposición en Power Point en valenciano, porque escucharlas en valenciano y leer el power en castellano me pareció un lío tremendo...

En fín, que no tengo nada en contra de que se hable el valenciano. Lo resalto para que quede claro. Pero creo que se debería tratar por igual ambas lenguas. Ya está bien de tener que pedirnos a los castellano-hablantes tanto esfuerzo para que luego veamos estas cosas en alumnos valenciano-hablantes. No lo considero justo.

Me gustaría que dejárais vuestra opinión para saber si estoy en lo cierto o no pensando de esta manera...
Saludos,



Hoy, mirando el correo, he encontrado la respuesta a un artículo escrito por Carlos Mármol, periodista, en el Diario de Sevilla (pueden verlo aquí). En el artículo, el periodista expone, entre otras cosas, que la mayoría de los maestros no cumplen con sus obligaciones al tener dos meses de vacaciones cuando únicamente deberían disponer de uno. En definitiva, tilda al profesor de incompetente y poco responsable con sus deberes. Y lo triste es que esta idea no sólo la tiene dicho periodista... ¿Así queremos mejorar la educación en el país?

Un profesor de instituto ha tenido la valentía de responder a este avergonzante artículo. Les recomiendo que lean primero el artículo del periodista en cuestión, y después la respuesta, que es la siguiente:

Atención Sr Carlos Mármol

De un profesor con dos meses de vacaciones

Acabo de leer su articulo y no puedo mas que avergonzarme ante su total parcialidad y falta de rigor. Mi abuelo me decía que no hay nada peor que alguien que habla de lo que no conoce. Mi abuelo, al igual que yo, era docente.

En primer lugar, sé que escribirle esto es perder mi tiempo, puesto que no saldrá nunca a la luz porque no interesa, interesa tirarnos a los pies de los caballos desde el desconocimiento de nuestra labor docente, pero qué mas da, como tengo tanto tiempo libre, ¿verdad? Que eso es lo único que importa, el tiempo libre que tengo, no que siendo funcionario de carrera y haber dedicado 4 años de mi vida a estudiar para unas oposiciones a grupo A sea el funcionario con menos sueldo, pero bueno, como tengo dos meses de vacaciones…

A la gente como usted que habla sin saber lo invito a que se pase por mis clases de primero de bachillerato en el IES Nervión donde tengo 37 alumnos y tres niveles bien
diferenciados en alumnos con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años, o que intente dar clase a 36 alumnos de segundo de bachillerato, o que se pase por mi clase de primero de ESO E, donde tengo seis alumnos con necesidades educativas especiales, alumnos con una edad mental de 7 años a los que tengo que formar y para lo que no estoy preparado. Pero eso tampoco importa, importa que tenga dos meses de vacaciones…..

Eso sí, tenemos tres clases con 20 ordenadores modernísimas que cuando intento programar una actividad en la red, debido a la limitación del ancho de banda, rara vez
funciona, esa es la solución, ordenadores.

A usted señor periodista, le llamaría la atención sobre el hecho de que absolutamente nadie relacionado con nuestra consejera ha estado jamás en un aula y pretenden cargar al docente con el fracaso del sistema educativo. Sí, FRACASO, con mayúsculas puesto que no se puede tener a un alumno hasta los 16 años sin otra aspiración que molestar en clase, porque una ley absurda no le da otra opción y que no permite
al alumno que verdaderamente quiere aprender avanzar en su formación.

No todos podríamos ser electricistas, ni escultores ni, como es obvio buenos periodistas, ni podemos ser buenos estudiantes aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Tiene que haber otra salida para estos alumnos que desde los 11 años todos sabemos que no van a titular.

Pero eso no importa, importa que no quiero trabajar porque tengo dos meses de vacaciones…..

Mi profesión me apasiona, y al 99 por ciento de mis compañeros, por eso el lunes iré a clase con mis alumnos que sí aprecian los esfuerzos que hago por darles una enseñanza de calidad desde la precariedad de recursos. Y el hecho de empezar una semana antes no es relevante, lo es que gente como usted hable desde el desconocimiento mas avergonzante.

Esos padres que ponen el grito en el cielo no dudan en llevarse a sus hijos una semana de viaje a Disneyworld, o tres días al Rocío o, si hay un puente y el viernes hay clase, pues bueno, no pasa nada, ya irá al lunes. Pero cuando llega septiembre el instituto se convierte en la guardería. Cuántas veces he escuchado lo de "para que este en casa dando por………… que se vaya al instituto a darle por……… al profesor". Pero claro, eso tampoco es importante, mis dos meses de vacaciones sí lo son.

A ver si se entera: Es completamente imposible empezar antes por mil razones, entre otras cosas porque de mis 37 alumnos de bachillerato 4 de ellos llegaron a los dos meses de empezado el curso, porque hasta el 12 de septiembre no supe a quién tenía que darle clase. Nosotros no empezamos a trabajar el 7 de septiembre, que eso es lo que gente como usted se cree, la planificación de un curso requiere mucho trabajo, pero eso tampoco importa, importan mis dos meses de vacaciones. ¿Sabe usted lo que es estar en una clase de 30 niños de 11 años, sin libros de texto, sin grupos definidos, sin un plan de trabajo a seguir y sin interés ninguno?

Y para su información llevo 9 años dando clase y no estoy anquilosado, en los 14 centros en los que he desarrollado mi labor docente quizás haya conocido a tres compañeros con 30 años de tiempo de servicio y sin fuerzas para seguir luchando,
pero yo tengo mas de 1500 horas de formación complementaria, y dedico muchas horas de todo ese tiempo libre que tengo a corregir examenes en mi casa, en vez de estar con mi hijo, he sido preparador de opositores y estoy estudiando otra licenciatura y afortunadamente no soy un caso aislado sino uno mas.
Pero eso no importa, importan mis dos meses de vacaciones…

Sin otro particular
Un ex lector de Diario de Sevilla.




Hoy hemos visto un documental en clase que a mi personalmente me ha encantado. Ya había visto una parte del mismo y más tarde, queriéndolo ver completo, lo estuve buscando por Internet, sin encontrarlo.

Os dejo aquí la sinopsis y la página web por si os interesa

El documental cuenta la vida de Judith Scott, una escultora norteamericana de 62 años a la que le llega el reconocimiento internacional después de vivir 36 años en una institución psiquiátrica. Judith tiene Síndrome de Down y es sordomuda. Su historia, contada a través de su hermana gemela, Joyce, sin discapacidad, es el detonante de una película que viaja al Creative Growth Art Center en California y descubre a otros personajes que como Judith buscan expresarse a través del arte.
¿Qué tienes debajo del sombrero? es una reflexión acerca del aislamiento que puede provocar una discapacidad, y de como a través del arte se consigue restaurar la comunicación.


Recomiendo este documental a cualquier persona que crea en el arte y en la comunicación a través de él, y también en el esfuerzo y la superación personal, encuentren las barreras que encuentren.


Muchos compañeros me dicen que no siempre puedo revelarme ante todo lo que me cabrea, que las cosas no son tan fáciles como pienso.

Yo todo esto lo resumo en conformismo. La gente se conforma con lo que le echan encima, sea lo que sea. Piensan que su opinión no cuenta, que no han venido al mundo para protestar y cambiar las cosas, sino para aguantar, resignarse y continuar.

¿Continuar? Pues lo siento, pero yo no puedo continuar cuando veo que me toman el pelo, me faltan el respeto, o no atienden a mis derechos.

Tenemos a una profesora este curso que se llevaría el premio nobel a la desfachatez, si este existiera, pues no puede ya tener más morro. Desde que empezamos el cuatrimestre con ella, no ha habido ni un sólo día en el que haya llegado puntual. Todos los días, absolutamente todos, llega tarde.

Pero no os creáis que son cinco, o diez los minutos de retraso, no. Ella, ya que se retrasa, pues lo hace bien. Y además va variando los minutos de retraso, para que las esperas no se nos hagan tan monótonas. Un día, por ejemplo, se retrasa veinte minutos, otro día llega media hora tarde, otro día no viene, directamente,...

Mientras tanto, yo tengo que levantarme dos horas antes para subir al autobús y llegar a tiempo a la clase. Mientras tanto, casi cuarenta personas esperan impacientes en el aula a que aparezca. Mientras tanto, animo a la clase a que hay que revelarse, hay que dejar constancia de esto por escrito. No podemos permitirlo.

El resultado de ello son palabras valientes, que no van acompañadas de ninguna actuación, por lo que terminan siendo cobardes.

Cuando por fín aparece la profesora, le da tiempo a dejar el bolso en la mesa y mandarnos algún ejercicio para realizar (sí, como si estuvieramos en el cole) mientras ella se va a ¡TOMARSE UN CAFÉ!.

La gente protesta, dicen de irnos todos, unos cuantos se levantan dispuestos a irse, el resto se queda sentado. Al final, todos se sientan de nuevo y se escucha esta frase: "Habrá que aguantar, no podemos hacer nada". Me revienta ...

¿Que no podemos hacer nada? O sea, ¿me estáis diciendo que pago unos 1200 euros al año para recibir una formación adecuada, para aprender y así prepararme como la futura profesora que seré algún día, y tengo que aguantar esta incompetencia de ciertas personas que se dicen "profesionales de la educación"? Va a ser que no...

Vamos a ver, esto no es el colegio o el instituto. Entonces, si un profe llegaba tarde, nos alegrábamos. Es cierto. Pero ya no tenemos esas edades. Los que estamos en la universidad, queremos estudiar de verdad (bueno, la mayoría, que también hay niños de papá que se pegan las fiestas del siglo y no dan palo al agua en todo el curso...). No vamos a perder el tiempo, ni a sentir que nos están vaciando los bolsillos para no darnos nada a cambio.

¿Se imaginan que van a hacer la compra, les cobran y luego la cajera se queda con el carro lleno de bolsas y les dice "Esto me lo quedo yo. Y váyanse, no van a poder hacer nada..."?
Pues exactamente lo mismo.

Este es uno de los ejemplos de la incompetencia de algunos profesores que podemos encontrar en las universidades españolas (porque supongo que esto no sólo ocurrirá en la universidad en la que estudio. Debe contagiarse, segúramente...). Otro día también os podré contar algo sobre aquel profesor que tuve en primero, que llegó a preguntarme mi tendencia sexual a raíz de que no le gustaba el peinado que llevaba aquel día (sí, les puede parecer raro, pero es completamente cierto, se lo juro) o que otro día, así porque sí, me cogió en brazos.

Luego viene un profesor de otra asignatura (este sí que es un profesor de verdad) proponiendo un debate en clase sobre por qué los alumnos de magisterio estamos tan desmotivados, sin ilusiones, sin aspiraciones,...

- Déjeme, que yo le contesto - le dije.

Y esta es sólo una de las razones por las que los alumnos estamos así. Otras muchas son la idea social de que cualquiera vale para estudiar magisterio, o el hecho también de encontrar compañeros con nosotros que están estudiando esto, pues por estudiar algo, o que las familias piensen que educar a sus hijos consiste sólo en comprarles todos los caprichos que estos deseen, y no enseñarles también normas y valores para ser personas educadas (total, ¿Para qué sirve tener educación hoy en día?) , etc etc etc

Siento alargarme tanto, pero necesitaba desahogarme. Gracias por leer.


Aprovechando mi nuevo horario y las largas horas que me esperan sentada en una de las sillas silenciosas de la biblioteca de la facultad a la espera del autobús que me lleve a casa, he empezado a familiarizarme con todos los pasillos y libros que hay colocados en las estanterías de la misma.
Hoy, buscando algún libro curioso para los niños, me he encontrado con dos ejemplares de una colección de libros (que completa tiene que ser una pasada) dirigida a niños, sobre los derechos de los mismos, la violencia, el maltrato, los abusos sexuales, el acoso escolar, la intolerancia y el racismo, y la injusticia e ilegalidad.
Creo que son libros muy interesantes para los niños en estas épocas que vivimos, y pueden ayudar bastante a conseguir esa igualdad y respeto que queremos, ya que la mayoría de los niños desconocen sus derechos, y es por eso que creen que sólo ellos tienen derechos y confunden aquello que no quieren con una injusticia.
Al abrir el libro, la carta de Pedro Núñez Morgades, el Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid, me ha maravillado tanto que inmediatamente los he cogido para leerlos con calma aquí en casa.
Los libros están escritos por Stéphanie Duval y Jacques Azam, publicados por la Editorial San Pablo, por si a alguien le interesa.
Os dejo con la carta y con algunos dibujos graciosos que he encontrado en ellos (para ver mejor los dibujos, os aconsejo que hagáis click sobre ellos):
Queridos amigos y amigas: A lo largo de vuestra vida, puede que hayáis oído hablar de algunas cosas que, aunque a veces no entendáis del todo o no sepáis valorar bien, os pueden asustar. Estos libritos que ahora tenéis entre las manos pretenden advertiros sobre algunas de esas situaciones y, especialmente, enseñaros a respetar a los demás, a hacer que los demás también respeten vuestros derechos y a decir NO ante algunas circunstancias, porque debéis tener claro que nadie puede obligaros a hacer determinadas cosas si vosotros no queréis. Ser niño no significa estar desprotegido o a merced de lo que los mayores quieran hacer con vosotros. Muy al contrario. Las personas adultas deben serviros como guía y apoyo, especialmente vuestros padres y también vuestros profesores, pero, aunque tenéis que respetarlos, debéis saber que ni ellos ni nadie pueden disponer de vuestra vida ni de vuestra voluntad siempre que quieran. Estos libros, que están escritos e ilustrados para que vosotros los comprendáis perfectamente, os hablan sobre la necesidad de respetar a los demás (y a vosotros) en todos los aspectos de la vida. Los malos tratos, físicos o psicológicos, y los abusos sexuales son formas de humillar a la persona, de vulnerar su derecho más básico: el de no ser agredido. Si algo de esto os está sucediendo, no os calléis. Contádselo a vuestros padres, a vuestros profesores, a cualquier otro familiar. Hablad con personas en las que podáis confiar y decidles lo que os sucede. Os ayudarán. El silencio no hace más que aumentar vuestros sufrimiento y no soluciona nada. Y si sabéis que alguno de vuestros amigos o compañeros padece malos tratos o abusos le ayudaréis si se lo contáis a vuestros padres o profesores para que, como mayores que son, puedan hacer algo por ellos. Pero hay otras formas de no respetar a los demás. Por ejemplo, considerar que alguien es infrerior o que no debe tener nuestros mismos derechos sólo por ser de otro país, de otra cultura, de otra religión o por tener el color de su piel distinto al nuestro. Hay que intentar siempre estar cerca de esas personas que, aunque nos parezcan diferentes, no lo son. Intentad defenderlos si otros los atacan, poneos en su lugar y pensad que para ellos nosotros también somos distintos y no por eso tenemos que merecer su desprecio. Imaginar cómo nos sentiríamos nosotros si nos ocurrieran algunas de esas cosas nos ayudará a que podamos ser un poquito mejores cada día. Por eso, será bueno que leáis con mucha atención estos libros, que penséis sobre los consejos que en ellos se os dan, que los comentéis con vuestros padres... Seguro que os resultarán muy útiles y aprenderéis algo más sobre lo que es el respeto a los demás, la tolerancia y la convivencia. En definitiva, os ayudarán a ser mejores personas.
Pedro Núñez Morgades
Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid


Esta semana hemos tratado en una de las asignaturas de mi carrera, un tema que me ha resultado muy interesante, más que nada por la complejidad a la hora de comprenderlo, y por la misma complejidad a la hora de tratarlo.

Se trata de un síndrome descubierto hace relativamente poco (incluído en el año 1994, en el DSM-IV) que afecta a bastante cantidad de población, de edades muy diversas, y en una mayoría de varones sobre mujeres.

Se trata, como he dicho, de una discapacidad, transtorno, síndrome,... Y no de una enfermedad, puesto que se desconoce la causa.
Esta discapacidad recibe el nombre de Síndrome de Asperger, en honor a un pediatra y psiquiatra nacido en Austria.

Las personas que padecen este síndrome padecen lo que podemos denominar “ceguera emocional”. Es decir, son incapaces de descifrar y comprender todos aquellos aspectos no verbales de una conversación, o frases metafóricas. Dicho de otro modo, no saben comprender ni mostrar emociones o ironía en otras personas.
Por tanto, si les dices “Tengo un hambre que me muero”, estos entienden, literalmente, que te estás muriendo de hambre, cuando, seguramente, símplemente sientes la necesidad de comer, pero no llevas meses sin hacerlo como para morirte.

Otro ejemplo: Si hablas con ellos, y de repente te pones a llorar, no se darán cuenta. No entienden que las lágrimas que brotan de tus ojos se relacionan con el estado emocional en el que te encuentras. Por otra parte, la mayoría de estas personas no te miran a los ojos cuando hablan contigo, o cuando les hablas, puesto que, como para ellos lo único importante y lo único que perciben son las palabras que les diriges, y no tienen que analizar tus expresiones faciales o tus gestos, no sienten la necesidad de mirarte a la cara.

Además, y lo que más me llama la atención, es que estos niños tienen, normalmente, una capacidad de memoria increíble y suelen ser muy inteligentes. Su cerebro tiende a centrarse en un área determinada, y la desarrollan hasta su nivel máximo de conocimiento. Nos encontramos, de esta manera, a niños con seis años, por ejemplo, que saben todas las capitales de todos los países del mundo, o que conocen todas las marcas de coches que existen en el mercado, … Esto ocurre tanto en niños como en adultos. En los vídeos que voy a exponer se puede apreciar claramente.

Es decir, estas personas son inteligentes hasta extremos inimaginables, pero no saben relacionarse socialmente. Es un síndrome muy parecido al autismo, pero más leve que este.
En estudios realizados, se cree que quizás personas tan importantes en nuestra historia, como Albert Einstein, Newton, o Mozart, por ejemplo, padecieron este síndrome o transtorno.
Por último, y algo que también me llamó mucho la atención, son personas etiquetadas con el nombre de “raros” por quien no conoce este síndrome, pues cambian de tema contínuamente. Si, por ejemplo, les dices la frase que he expuesto yo antes - “Tengo un hambre que me muero”-, su cerebro se centra tanto en el análisis de esas palabras que termina “bloqueándose”, y tiene que cambiar de tema completamente. Como consecuencia, pueden responderte “Ayer estuve viendo la televisión hasta tarde”. Un comportamiento que, si el maestro o los compañeros desconocen, es calificado al instante como “raro, pasota, no atento,...”.

Pues bien, este es un resumen del síndrome. Espero que os haya gustado, y os haya llamado tanto la atención como me llamó a mi cuando descubrí su existencia. A continuación, os pongo un par de vídeos muy interesantes para que entendáis un poco más el transtorno.

Saludos!








Ayer, para celebrar mi cumpleaños (que es hoy), fui a ver la película "El niño con el pijama de rayas", y lloré casi hasta deshidratarme. Esta película me recordó, en parte, a la de "La vida es bella", no por la trama, ya que es completamente distinta, sino por el sentimiento que despierta en aquellos que la ven.

La película, para los que no la hayan visto aún, trata sobre el holocausto desde el punto de vista de dos niños con la misma edad, pero con destinos muy distintos.
Es tremendo cómo se enfoca tal pesadilla y barbarie desde esa inocencia que puede tener un niño con 8 años.
La película es desgarradora y escalofriante, y nos hace reflexionar mucho sobre todo aquello que pasó, sobre las atrocidades que se cometieron.

Quizás son cosas ya demasiado vistas, como me dijo mi chico, pero no está mal recordarlo siempre que podamos. En aquella época, todos dejaron de ser humanos, para transformarse en robots sin sentimientos ni principios. ¿Cómo pudo un solo hombre convencer a toda una población de que los judíos no merecían vivir? ¿Cómo pudieron creer los alemanes de raza aria que ellos eran los únicos que merecían la vida?
¿Cómo...? Son tantas las preguntas que nos podemos hacer sobre esto... Y tantas las respuestas invisibles que vamos a obtener...

Los seres humanos somos así, buscamos siempre ser superiores al resto, destacar en algo, y parece ser que nos importa poco el precio que tengamos que pagar. Estos alemanes vendieron su alma por "una patria mejor", mandaron a sus sentimientos a los campos de concentración, y exterminaron a cualquiera que no cumpliera con sus ideales, aunque fueran miembros de su propia familia.

Reflexionar sobre todo aquello me lleva a pensar sobre un ejercicio que hicimos en clase de psicología el año pasado, y que puede mostrar, en parte, qué fue lo que pasó en aquellas personas para llevar a cabo tal barbarie. Espero que lo disfrutéis:













El corto al que os enlazaba en el post anterior, de Sergi Pérez, es para mí una joya educativa para ver innumerables veces.
En los escasos diez minutos de duración, nos propone el tema de la homosexualidad en la escuela, desde la perspectiva de un niño de primaria en el día de carnaval.
Todo el vídeo es una delicia en sí. Como comienza, los diálogos que mantienen los niños, y aquellos a los que llamamos "adultos" (pero que en el vídeo se muestran mucho más ignorantes que los niños), no tienen desperdicio. Pero sobre todo el final, el final es la representación del futuro que le espera a nuestro protagonista, que tendrá que esconder siempre sus sentimientos.
La verdad es que no hay palabras para expresar todo lo que este cortometraje nos enseña. Es tanta la información que nos aporta en tan pocos minutos, que es más sencillo para el lector ver el vídeo, que leer mi "resumen".
Y después del comentario de mi amiga bloguera Luchida, poco más puedo comentar.
De verdad que os animo a verlo, nos os arrepentiréis. Sólo son diez minutos de vuestra vida.

El enlace está en el post anterior. De todas formas, buscáis en google "Vestido Nuevo", y os sale.

Escrito por:

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Hoy quería hablar de la sobreprotección que algunos padres tienen sobre sus hijos, pero el tiempo me lo impide, así que os voy a mandar deberes.

Me gustaría que vierais el corto al que os enlazo a continuación. No dura mucho, unos diez minutos. Pero si no tenéis tiempo o no podéis oírlo con detenimiento, dejadlo para otro momento. Quisiera que lo viérais detenidamente y sin prisas, y me comentárais qué os ha parecido.

Me encantaría que cada persona que entre al blog y viera el corto, me dejara un comentario. Me interesa muchísimo vuestra opinión. Y si este fin de semana no estoy demasiado liada, prometo subir el artículo sobre el que iba a escribir hoy.

Un saludo, y que disfrutéis el corto:

Vestido Nuevo


Cuando lo hayáis visto, yo también dejaré mi particular opinión en este blog, tratando muy de cerca estos temas y muchos más.